Desde hacía tiempo tenía ganas de escribir un post sobre novelas cortas o, como reza el título, libros recomendados para mujeres que no tienen tiempo. Aunque suene raro (porque la que adora leer, lo hace pellizcando minutos de donde sea), lo cierto es que hay momentos en la vida en los que la mente no está para sumergirse en historias largas. Es ahí donde aparecen las novelas cortas, esos chupitos perfectos para quitar el mono de lectura y que, como escritora, te aseguro que no son tan fáciles de escribir como pareciera.
Además, en este mes de febrero estamos inmersos en la iniciativa Little February, donde, al ser el mes más corto del año, se nos reta a leer novelas de menos de 280 páginas, perfectas para leer en una tarde o en un fin de semana. Así que ha cuadrado todo perfecto para traerte una selección de cinco novelas que me gustaron mucho y que se devoran en unas horitas.
Estaciones de paso, de Almudena Grandes
La gran escritora madrileña nos deja un recopilatorio de relatos perfecto para ir disfrutando de historia en historia. Este libro fue mi primer contacto con la autora y me conmocionó la realidad impresa en cada una de las tramas, donde cinco jóvenes cuentan cómo viven su adolescencia y la transición a la edad adulta. Cada uno con su voz, con su color, sus vivencias…
En estas historias, los protagonistas nos sitúan en su mundo, sus conflictos familiares, los recuerdos de infancia o sus duelos particulares. Son situaciones únicas para ellos, perdidos e incluso asustados en su periplo hacia la adultez, y se nos cuentan a través de tramas que giran alrededor del fútbol, la tauromaquia, la música o la cocina.

Es una colección de relatos para saborearla y bañarnos en su viveza y realidad. Fue el primer título que me vino a la mente al pensar en estos libros recomendados para mujeres ocupadas, y te confieso que después de escribir esto, lo volveré a leer.
Libros recomendados para mujeres a las que le gusta lo gótico
Si te gustan los vampiros y quieres leer algo fascinante y perturbador a la vez, te recomiendo Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu. Se publicó casi treinta años antes que la archifamosa Drácula, desarrollando una trama sublime que mezcla el erotismo con el terror, consiguiendo crear un ambiente sobrenatural fantástico.

La historia se centra en la visita de una misteriosa joven, Carmilla, al castillo donde viven Laura y su padre, en la región de Estiria. Laura y Carmilla desarrollan una amistad inquietante, mientras mujeres jóvenes mueren en las inmediaciones del castillo y Laura se va debilitando poco a poco. La atracción sensual entre ambas se describe con una poderosa sutileza y va construyendo una trama de terror gótico que sigue siendo perfecta para leer hoy en día.
Si quieres leer algo más sobre historias de vampiros, aquí te dejo otro post de blog donde hago un recorrido por los más personajes literarios más interesantes. Pero para Little February, Carmilla va ni que pintado porque se lee en un suspiro.
La vida después de ella: una novela corta sobre el duelo y el perdón
Abril Camino, una de mis autoras preferidas de novela romántica, se marca aquí una novela corta maravillosa en su crudeza y originalidad. He aquí la sinopsis:
Esta es la historia de un encuentro que no tendría que haberse producido.
Es la historia de cuatro días en una casa en las montañas.
La historia de dos personas que ya no tienen ninguna razón para ser familia.
O quizá sí.
Esta es la historia de un duelo.
De un amor roto.
De una vida que se acabó demasiado pronto y dejó otras dos partidas por la mitad. Es una historia de secretos que se desvelan al calor de una chimenea.
De recuerdos que se clavan en el alma.
De rencor, culpa y pena.
Esta es la historia de la vida que queda después de que a alguien se le acabe la suya.
Es una historia de supervivencia.
De familia.
Y de amor.

Es una novela diferente, perfecta para desatascar un bloqueo lector y sumergirnos en algo que no se suele hablar, ese momento después de la partida de un ser querido con el que, probablemente, hayan quedado cosas que solucionar.
Las gratitudes, de Delphine de Vigan
No puede faltar en esta relación de historias cortas una de las más tiernas y dolorosas que he leído en los últimos tiempos. Delphine de Vigan siempre es un acierto como lectura, lo descubrí con Nada se opone a la noche (recomendadísima) y, con esta pequeña novela sobre la vejez y el cerrar ciclos, lo vuelvo a corroborar.

Las gratitudes nos sitúa ante el espejo de nuestra propia mortalidad, esa vejez que, cuando se es joven, no parece que vaya a llegar nunca. Pero eso le ocurre a Mischka, una mujer que tuvo una vida profesional activa (como cualquiera de nosotras) y que, de pronto, comienza a perder las palabras. Esto la hace sentirse menos autónoma y menos ella, a pesar de estar rodeada de dos personas que la quieren (Marie, casi como una hija para ella) y la aprecian (Jerome, su logopeda en la residencia donde vive).
Es una novela de tan solo 127 páginas pero inmensa en todo lo que quiere transmitir. En uno de los capítulos de podcast de 50 sombras de 50, analizamos sus entresijos y debatimos acerca de todo lo que conlleva la vejez en nuestros tiempos, algo necesario para poner muchas cosas en contexto.
La niebla en mí o cómo seguir adelante cuando no hay fuerzas
Esta historia romántica transcurre durante un fin de semana envuelto en niebla que iba a ser disfrutado por Erika y su mejor amigo y cuñado, Fran. Pero Fran fallece, Erika se queda a la deriva y, rota de dolor, destierra el plan por completo de su cabeza. Hasta que descubre que su amigo le ha dejado unas instrucciones claras para disfrutar ese fin de semana, todo ello pensado para alcanzar la felicidad y avanzar en su vida.
Esta es mi novela corta más exitosa, protagonizada por una mujer anclada en el despecho y el rencor, y que, en un fin de semana revival de su juventud, consigue dar los pasos necesarios para despejar la niebla que habita en ella. Como siempre en mis novelas, el ambiente es uno de los protagonistas principales, y esta vez homenajeo a la ciudad de San Cristóbal de La Laguna (Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1999), transformando lugares míticos de mis años de estudiante en lugares donde la historia de Erika se va desarrollando con brillo y confianza.

Este es el inicio de la historia:
«El día del entierro de Fran me vestí con cuidado, a conciencia, tal y como él me había pedido. O casi, porque no llevaba el estrambótico sombrero con redecilla, pero el resto sí era acorde a sus deseos. Dentro de la opresión brutal que sentía en el pecho logré sonreír, diciéndole mentalmente que las ampollas que me iban a salir en los pies por su culpa me las iba a pagar cuando le volviese a ver. Porque de eso estaba segura: Fran y yo volveríamos a encontrarnos, a reírnos juntos de cualquier tontería, como lo habíamos hecho toda la vida. Como los mejores amigos que éramos. Me esperaría sentado en una nube blanca bien mullida, tomando margaritas y lanzándome algún rayo para verme trastabillar y partir tacones a mansalva.
Me había despedido de él hacía nada, durante esas horas de mejoría que tienen los enfermos antes de morir, en las que el resto creemos por un momento que todo aquello es un mal sueño y que vamos a despertar con una sonrisa. No, Fran tenía claro lo que iba a pasar, lo supo durante las dos semanas en las que se fue con Yésica a la casa de la playa, a compartir sus últimos mejores momentos con ella, y también cuando volvió en ambulancia, tan desmejorado que me costó reconocerle.
Conduje hasta la iglesia con la mente llena de recuerdos como fogonazos de luz, y el cuerpo lento y entumecido. La sensación de irrealidad invadía el frío aire dentro del coche, y me contraje levemente, como me venía pasando en los últimos tiempos. Había pasado un mes entero anticipando el duelo, desde que él mismo nos había dicho que ya no había nada que hacer, intentando mentalizarme de que ya no le iba a ver más, que ya no sería posible escuchar una carcajada escandalosa de su garganta ni sus imposibles interpretaciones de las canciones de Estopa.
De verdad, lo había intentado con todas mis fuerzas. Pero al final, me vi luchando contra la ira que amenazaba con devastar todo mi ser. Tuve que tirar de todo mi autocontrol para no dejar que las niñas lo vislumbrasen, porque no tenían culpa de que yo no fuese capaz de enfrentarme a la muerte de mi mejor amigo sino con ganas de destrozar un edificio entero.
Me tragué toda aquella violenta frustración cuando entré en la iglesia. Llegaba tarde, como siempre, y el oficio había comenzado. Fran no había querido velatorio, así que ese era mi primer contacto con quienes le lloraban como yo, desde las horas que habíamos compartido en el hospital. Intenté no mirar el lustroso ataúd delante del altar, y busqué a la familia de Fran. A esa que había sido la mía durante muchos años. No estaban lejos de mí, y como si mis ojos pudiesen tocar la frágil espalda de su madre, esta se volvió alargando el brazo hasta tocarme. Me puse a su lado, sosteniéndola, intentando infundirle la fuerza que ni yo misma tenía. Yésica estaba a su lado, flanqueada a su vez por su madre, y por primera vez en todo aquel tiempo la vi vencida.
¿Y dónde estaba…? No quise mirar a mi alrededor, pero el corazón me palpitó un par de veces más de lo normal cuando noté su calor a mi lado, y cómo sus dedos buscaron los míos en un gesto que no había ocurrido desde hacía un año. O quizá bastante más. Tuve que levantar la vista, y le encontré mirándome. Roto. Enfadado. Y solo, por primera vez en la vida. Nuestro grupo de tres ya no existía. Yo fui la primera en abandonarlo, y ahora lo hacía Fran, ya para siempre».
Tus libros recomendados para mujeres con poco tiempo
Para finalizar, me gustaría pedirte que dejases por aquí tus propias recomendaciones. Yo podría añadir otras que también me han gustado, como, por ejemplo:
- Marina, de Carlos Ruiz Zafón
- El desencuentro, de Fernando Schwartz
- Niñas sucias, de Elena Correa
- La balada del café triste, de Carson McCullers
- Comerás flores, de Lucía Solla Sobral
- Carcoma, de Layla Martínez
¿Te animas a compartir las tuyas?


