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Helen Rytkönen

Las novelas románticas que han marcado mis 4 décadas

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¡Hola, familia!

Para inaugurar este blog y como primera entrada, me apetecía mucho hacer un recorrido por todas esas novelas de romance que han sido importantes en mi vida, y compartirlas con todas vosotras. ¡Quizá coincidamos en algunas!

Primeros recuerdos de novelas románticas

He tenido que estrujarme mucho los sesos para intentar recordar cuáles fueron las primeras novelas románticas que leí en mi vida. Sí, de pequeña soñaba despierta con las idas y venidas de Ana y Gilbert en los libros de Lucy Maud Montgomery, pero aquellos textos eran de un romance muy suave y apto para todos los públicos.

Entonces, haciendo memoria, me acordé de aquello: cuando mi madre me pilló a los ocho años leyendo «El pájaro espino», con escenas calientes incluidas. Recuerdo que me requisó el libro y me dijo que aquello era para adultos, que todavía no tenía edad para leer algo así. Qué mejor manera de avivar la curiosidad de una niña que devoraba todo lo que caía en sus manos. Ni decir tiene que conseguí agenciármelo y que lo leí a escondidas, sin entender la mitad de las cosas. Claro, en aquella época, las niñas éramos niñas a esa edad.

Novelas románticas a los veinte

Hasta los veinte años leí mucha novela romántica histórica, y casi siempre en finlandés, mi segundo idioma. En aquella época venían muchos familiares de mi madre a visitarnos en las épocas invernales, y procuraban traerme munición para salvar la temporada. Releía todo el tiempo: con el ritmo de lectura que tenía, era complicado conseguir novedades. Ojalá hubiesen existido los libros digitales y las facilidades de las plataformas actuales en aquel entonces. Por desgracia no era el caso.

De aquellos años recuerdo una gran fascinación por «Lo que el viento se llevó», de Margaret Mitchell. Fue una novela que leí muchísimas veces, subyugada por aquella anti heroína que es Scarlett O’Hara. Me encanta el retrato que la escritora hace de alguien tan poco correcto, egoísta, corto de miras y, sin embargo, fuerte y poderoso. Y ese final… Fue mi primer final no feliz, y tuve que lidiar con la incredulidad más grande al entender que sí, efectivamente a Rhett le importaba un bledo lo que le pasase a su antaño beloved wife.

Otras novelas históricas que me marcaron de esa época fueron la saga Angelique, de Sergeanne Golon; la saga Catherine, de Juliette Benzoni; y un libro curioso, «Por siempre Ámbar». Eran sagas de mujeres en diferentes tiempos históricos, siempre a merced de lo que otros decidiesen por ellas, de guerras, de tragedias, pero que siempre salían airosas. Todas estas lecturas influirían mucho en mis escritos de la época. Siempre daré gracias a mi abuela, una gran lectora romántica, por introducirme en aquel mundo. La pena es que hoy en día es difícil encontrarlos, al menos en castellano.

De los veinte a los treinta, la autora que alimentó mi alma romántica fue Marian Keyes, con la saga de las hermanas Walsh, y con algunas novelas auto conclusivas como «Sushi para principiantes» o «Un tipo encantador». Están escritas con un humor fantástico, con escenas a veces un poco locas (mi favorita es «Maggie ve la luz», y ese viaje que hace a Los Ángeles), y con una gran profundidad en varias de ellas, tratando temas como el maltrato, las adicciones, la depresión o la infidelidad. Con personajes memorables como mamá Walsh o el huraño Rossa Considine, Marian Keyes siempre quedará ligada a las noches de mi piso de soltera, en aquel sofá de IKEA que vivió muchas botellas de vino y montañas rusas emocionales.

Novelas románticas a los treinta

De los treinta a los cuarenta, me quedo con dos autoras de estilos muy diferentes. Sí, leí a Grey, está claro. También estuve enganchada a los vampiros de Crepúsculo. Pero si medimos la influencia de una autora como la espera ansiosa de que saque nueva novela, y la desazón interna hasta que no tienes ese libro entre tus manos, puedo decir que esas sensaciones solo me las produjeron Diana Gabaldon y Elísabet Benavent.

A Diana Gabaldon la descubrí de una forma muy sui generis: leyéndome su segundo libro, que había conseguido descatalogado en una librería finlandesa durante unas vacaciones en el país. Leí el libro, pero cuando llegué al final no entendí muy por qué era tan abierto. Y fue San Google el que me contó que aquello era una serie de libros que comenzaba por «Forastera». Me lancé de lleno a disfrutar todas las que había hasta ese momento, y antes de que se pusieran de moda en España, conseguía cada nuevo lanzamiento a través de las amigas de mi madre en Finlandia.

Jamie y Claire son una pareja irrepetible, con una química maravillosa y una historia tan especial que hay pocas como la de ellos. Aunque debo decir que, de la saga, mis libros favoritos son los tres primeros, antes de la parte americana. Son los más intensos, los más interesantes históricamente hablando, o quizá sea porque la historia americana la conozco mejor que todo lo que ocurrió con los clanes escoceses (yo me había quedado con William Wallace y para de contar).

Elísabet Benavent es uno de mis referentes como escritora, y como lectora, de esas autoras que tienes en la agenda con la fecha de su siguiente lanzamiento. La descubrí con Valeria, donde ya me llamó la atención, y cuando realmente se quedó con mi lealtad fue con la bilogía Silvia. Es quizá la historia más irreal, esa que a pocas personas le podría pasar, pero es de las más sentidas, más descarnadas y en las que todavía sigo llorando en determinada parte en el segundo libro. Y ese final… lo he releído mil veces, con el corazón encogido de lo bonito que es. Se trata sin duda alguna de mi favorita, aunque también tengo mucha debilidad por el personaje de Pablo Ruiz, en la bilogía Martina, y su última novela, «El arte de engañar al karma», me ha parecido un “aquí estoy yo” en toda regla, con una prosa cada vez más melódica y metafórica, que acaricia a los sentidos y redondea una gran trama .

Novelas románticas a los cuarenta

En los dos últimos años, he ido conociendo a muchas más autoras de novela romántica, tanto autopublicadas como publicadas por editoriales. Quizá la que más me ha sorprendido, y que me tiene enganchada con su prosa cálida e intimista, es Alice Kellen. Mis favoritas de esta escritora son:

  • «El chico que dibujaba constelaciones»: una de las novelas más bonitas que he leído en mi vida, con una historia sencilla, sin grandes requiebros, pero con una carga de sentimientos puros como no he visto nunca,
  • «Las alas de Sophie»: preciosa historia sobre la superación de momentos duros y el abrirse de nuevo a la vida,
  • «Tú y yo, invencibles»: con una profundidad de personajes apabullante, protagonistas de una memorable historia de amor en medio de la movida madrileña.

Se me quedan en el tintero muchas novelas que me tuvieron soñando despierta durante días enteros, pero las dejo apuntadas para ir compartiéndolas en las siguientes entradas del blog. Leer es magia, y qué mejor que compartir esa magia para que llegue a todo el mundo llenándolo de sonrisas.

¡Hasta la siguiente, románticas!

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2 comentarios en «Las novelas románticas que han marcado mis 4 décadas»

  1. Me encanta esta entrada de lecturas románticas, me has hecho recordar las primeras que yo leí, que sin duda Mariam Keyes, estaba entre ellas. Aunque yo prácticamente leía todo lo que caía en mis manos. Y sí, también caí en lo de leer a Grey, aunque yo lo hice antes de todo el boom que llegó después. Buen post sin duda.

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    • ¡Muchas gracias! Me he dejado muchas en el tintero, pero seguro tendremos tiempo de ir comentándolas por aquí, porque hay verdaderos tesoros en novela romántica.
      Un abrazo,

      Helen

      Responder

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