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Helen Rytkönen

¿Dominas tu proceso de escritura? Descubre y conquista el paso 1

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Cuando empiezas en el mundo literario, la palabra proceso de escritura suena bastante árida. Evoca algo aburrido, seco y como de deberes de colegio. Y cuando eres novata, solo quieres dar rienda suelta a tu creatividad y ponerte a escribir, sin pensar en todos los pasos que debes dar para que tu novela sea lo que quieres, y que, además, tu lector ideal lo perciba, lo aprecie y te compre.

Esa fui yo, con Desde el rompeolas. Pura creatividad y pasión, aplicando lo que sabía como lectora y sin aplicar nada de lo que tenía interiorizado como profesional del marketing. Sin audiencia creada, sin posicionamiento, sin objetivos ni metas. Y sin hacerme las preguntas necesarias para que el manuscrito tuviese coherencia, sin fichas de personajes, sin nada de lo que ahora sé.

En ese momento, escribir y publicar una novela era un reto personal y pensé que ahí se quedaría. Pero no. Y cuando me di cuenta de que deseaba con todo mi corazón seguir escribiendo y que más gente me leyese, entendí que debía sentarme y hacer las cosas de forma diferente.

Hoy te voy a hablar de escritura y, concretamente, del proceso previo a empezar tu borrador. Quiero compartir contigo todo esto que he ido aprendiendo y aplicando en estos años para que ahora, el proceso de escritura sea mucho más fácil, enfocado y coherente. ¿Me acompañas?

#1 de la pre-escritura: el concepto

Vale. ¿Sobre qué escribo? ¿En qué tipo de temáticas me quiero mover?

Te cuento mi respuesta: yo escribo sobre mujeres adultas, mayores de treinta y cinco años, que tienen que resolver conflictos para ser felices, y las acompaño en ese viaje de autodescubrimiento aderezándolo siempre con mucho romance y picante.

Sí, llegar a tener claro esto llevó su tiempo, pero ahora que lo sé, que he diseñado mi posicionamiento como escritora, me es mucho más fácil saber cómo empezar una obra nueva.

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Siempre parto de un concepto concreto. Por ejemplo, en Lo que nos dijo la tormenta el concepto era el vivir sin brillo, por inercia. En La niebla en mí, estar perdida y no saber cómo encontrarte a ti misma. En Tras la calima, la problemática de las relaciones madres e hijas.

Esto significa que me es mucho más sencillo planificar la temática de mis siguientes novelas con un solo concepto: desde ya, sé que puedo escribir una historia sobre el perdón, otra sobre la pérdida, una siguiente sobre la maternidad, y así un largo etcétera. Con esto, tienes mucha mayor claridad sobre lo que va a ser tu catálogo y tu calendario editorial para los próximos años.

#2 La idea: básica en el proceso de escritura

Después de tener claro cuál es el concepto abstracto sobre el cual voy a escribir, empiezo a fabricar la idea. En el momento del concepto ya comienza a germinar, pero en esta fase del proceso es cuando entra de lleno toda la creatividad.

Y esa creatividad la paso por varias preguntas que, si no sé responder, hacen que deseche esa idea en concreto. Es crucial tener clara la respuesta a las siguientes dos cuestiones:

  • ¿Qué quiero contar con esta historia?
  • ¿Para qué quiero contar esta historia?

Por ejemplo, en La Niebla en mí, la respuesta a estas preguntas era:

  • Quiero contar la historia de una mujer que está perdida en la niebla y no sabe salir de ella, y que solo si ella lo decide y se abre de nuevo al mundo y al perdón, podrá volver a vivir una vida plena y feliz
  • Quiero contar esta historia para inspirar a personas que estén en esta misma situación a tomar las riendas de su vida, porque este es el tiempo que tenemos y hay que aprovecharlo al máximo.

Esta parte del proceso es importante porque si no la hacemos bien, el objetivo de nuestra historia quedará desdibujado y la lectora, cuando termine el libro, se quedará con la sensación de so what?. No habrá entendido cuál es el mensaje de tu novela y si realmente le ha aportado algo o no.

Y para dejar una sensación neutra en nuestra audiencia, mejor no dejar ninguna.

#3 El subgénero dentro de romántica

Probablemente pensarás que esto se decide desde el principio, antes incluso del concepto. Puede que sí, puede que no. Si eres una escritora de novela romántica contemporánea y ese es tu subgénero principal, no tendrás que tomar esta decisión.

Pero a veces, una historia puede tener más sentido en otro subgénero que el que trabajas habitualmente. El concepto es el mismo, la idea es la misma, pero el marco en el que se engloba puede ser otro. Quizá esa idea case mejor en histórica, o en erótica, porque la idea lo necesita.

Por eso, no te saltes este paso, y verifica que la historia que tienes en la cabeza tiene sentido en el subgénero que has elegido.

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¡Imagínate lo diferente que habría sido esta historia si hubiese ocurrido durante las Cruzadas!

#4 La estructura

Este paso fue mi gran descubrimiento y la mejor herramienta para escribir una trama que tuviese sentido. Y eso que la mayoría de las veces la seguimos de forma natural, porque nos hemos empapado de la estructura clásica desde muchos ámbitos: no solo los libros, sino también las películas y las series. Aun así, es importantísimo chequear que tu novela contiene los siguientes puntos básicos:

  • Planteamiento: es el inicio de la novela. Aquí debe presentarse el tema de la novela, cuál es la situación inicial de los personajes y, cuanto antes, el conflicto. Esto enganchará a la lectora y hará que quiera seguir leyendo para descubrir qué ocurre. Esto sucede a través de un hecho desencadenante: ese que obligará a la protagonista a salir de su zona de confort.
  • Desarrollo: es la parte más extensa de la novela, y aquí iremos introduciendo poco a poco distintos obstáculos que la protagonista va a tener que sortear. Estas barreras o obstáculos irán in crescendo, y el enfrentarse a ellos hará que la protagonista necesite evolucionar.
  • Clímax: el punto álgido, donde el conflicto estalla y donde la protagonista tendrá que tomar decisiones importantes para solucionar todo lo que se ha venido cociendo en el desarrollo.
  • Desenlace: es el momento donde todo se coloca en su sitio y las aguas vuelven a su cauce (o no, si hablamos de otro tipo de género).

Seguro que todo esto ya lo conoces, por eso no me he querido extender demasiado y solo he dejado una breve descripción de cada fase, pero aquí lo importante es realmente pasar tu trama por todos estos puntos de control y ver si lo que tienes en la cabeza tiene sentido.

Por ejemplo, en Tras la calima, en mi cabeza el clímax era la resolución de la historia de la madre de Zoe, pero al pasarla por este esquema, me di cuenta de que esa parte de la trama era solo una de las cosas que la prota tenía que solucionar para ser feliz en su vida. Por ello, necesité desarrollar más la trama del trabajo de Jackson como algo que añadiría un mayor conflicto y una mayor tensión hasta llegar a un buen clímax.

Si no hubiese hecho este ejercicio, probablemente la novela hubiese sido mucho menos intensa y la historia de Zoe bastante más deslavazada.

Un libro muy recomendable para leer sobre este tema es El viaje del escritor, de Christopher Vogler: es de los de cabecera para cualquier profesional de la escritura.

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Una de las biblias para construir tramas redondas y adictivas

#5 Desarrollar correctamente a los personajes

Desde que descubrí las fichas de personajes, no soy capaz de comenzar una novela sin tener hechas por lo menos las de los protagonistas y algún secundario importante. Se han convertido en mi guía, en ese documento al que acudo cuando me asaltan dudas como «cómo dije que se llamaba la madre» o «qué estilo de vestir había elegido para la chica».

Reconozco que las primeras veces que oí hablar de ellas me parecieron un rollo. A priori, una pérdida de tiempo. Pero decidí probar. Busqué en la red ejemplos de fichas y me hice con una que luego tuneé a mi gusto. Mano de santo para no perderme entre tanto detalle.

Lo bueno es que las puedes hacer todo lo complejas o sencillas como quieras. Yo, por ahora, las hago bastante extensas, porque me sirve para darle toda una historia personal a un personaje concreto. Quizá luego no muestre nada de eso, pero el llevar a cabo toda esa labor hace que sea más auténtico y más redondo. Más coherente en sus reacciones y sus actos.

El tiempo y «el proceso chup chup»

De todas estas fases de pre-escritura, en la que más tardo es en la de la idea. Yo lo llamo «el proceso chup chup», como el de los guisos cuando los ponen en la olla y esperas que se hagan lentos, a fueguito bajo y con paciencia.

Yo dejo que la idea se vaya guisando en mi mente con calma y con cariño. Intento pensar en ella en los momentos que tengo de tranquilidad, como por ejemplo cuando conduzco, para no dejarla de lado e ir alimentándola poco a poco.

Todo empieza con una marejada de cosas en mi mente, esa idea inicial basada en el concepto, pero ya en este momento estoy pensando en el para qué de la historia, en cuál será el conflicto, si tiene sentido o no, cómo puedo sorprender a la lectora… Al final termino con una trama bastante cerrada, o lo suficiente para poder pasarla por la herramienta de la estructura.

Es una de las fases que más me gustan, y por eso no me impaciento si tarda un poco más de lo habitual. También suelo tener decididos los conceptos y una idea muy somera de la trama de un año para otro, cuando planifico mi calendario editorial. Eso me da mucho orden, algo primordial para poder acometer los proyectos con tranquilidad y sin agobios.

Espero que te haya sido útil este artículo sobre el proceso de escritura, y cuéntame si tú también llevas a cabo estos pasos antes de sentarte a escribir. ¡Me encantará leerte!

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