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Helen Rytkönen

Primera novela: 3 errores con los que quitarle brillo

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La primera novela suele ser experimental porque, a no ser que te formes mucho antes de publicarla (que no es lo habitual), se suele publicar con muchas carencias.

Es cierto que publicar un libro no es operar a otro ser humano a corazón abierto. No tiene esa importancia, pero te expones al juicio público de los lectores, quienes te juzgarán con críticas constructivas y no tan constructivas en sitios a la vista de todo el mundo, como Amazon o Goodreads.

Y no solo eso, es que te juegas que los lectores quieran seguir leyendo tus siguientes libros o no. Porque no todo el mundo está dispuesto a dar segundas oportunidades. Si al abrir tu novela encuentran detalles como una mala corrección, es probable que nunca más tengas la oportunidad de enamorar a esa persona. Así que no, no estamos operando a nadie de vida o muerte, pero hacer las cosas bien desde un principio tiene su importancia y recompensa.

Se pueden cometer tantos errores como escritores hay en el mundo, pero yo quiero hablarte de tres que últimamente me encuentro mucho en primeras novelas, sobre todo románticas.

La ausencia de un conflicto potente en una primera novela…

…es un error garrafal porque sin conflicto no hay historia. Así de simple. Si en una novela lees, lees y lees y solo suceden cosas sin ningún motivo, los protagonistas no tienen más que problemas superficiales que solucionan en unos pocos párrafos más abajo y no hay un problema gordo y prácticamente vital, no tienes historia.

En estas novelas, los personajes avanzan y avanzan sin rumbo, y te pasas toda la novela preguntándote cuál es el sitio al que quieren llegar.

Cuando escribimos una novela debemos tener claro cuál es esa barrera que debe derribar el o la protagonista. No tiene que ser, de nuevo, algo de vida o muerte. Con ser algo que importa al personaje y que frena su crecimiento como persona y felicidad es suficiente.

Pongamos el caso de mi última protagonista, Victoria. Es una mujer fuerte, una madre leona que lo ha dado todo por la unidad familiar, por el bienestar de sus hijos y su marido. Pero de repente ve como todo eso se desvanece. Al principio intenta aferrarse a ello, intenta por todos los medios no perder su antigua vida y que todos sigan estando bien, pero no lo logra, aprende que hay cosas que se escapan a su control, no está en sus manos y debe tomar una decisión: adaptarse a su nueva situación o ser infeliz el resto de su vida.

El conflicto para ella es encontrarse ante dos caminos: seguir intentando algo que sabe que no va a salir bien o aceptar la nueva realidad e intentar ser feliz de una manera nueva, la que la llena a ella, no al resto. Esa elección, buscar la felicidad, es lo que crea el conflicto, porque una vez marche por la senda en busca de la felicidad, iniciará su crecimiento y es cuando se produce el cambio en ella, el antes y el después. Si nuestros personajes no se enfrentan a ese tipo de conflictos, no pueden llevar a cabo el viaje que una novela necesita para ser interesante.

Y hablando de personajes, esto nos lleva al siguiente punto:

Personajes planos para una primera novela

Hay un mal común y es que, en la romántica, la primera novela suele tener más de nosotras mismas que las que la siguen. Sobre todo la protagonista. Acostumbran a ser protagonistas que hablan como la autora, que piensan como ella, que tienen los mismos gustos… Puede que se deba a que esa primera vez que escribimos plasmamos aquello que nos gustaría vivir o ser en nuestro fuero interno.

Y está bien, siempre y cuando el personaje esté bien presentado y sea lo suficientemente profundo como para dar de sí una historia coherente y trascendental.

Procura que esos personajes tengan capas, luces, oscuridades y aristas. Nadie es perfecto, todos cojeamos en algún aspecto y un personaje, para no ser plano, necesita todo eso. Precisa tener manías, ser imperfecto, a veces incoherente, tener un pecado capital marcado. Todos esos pequeños matices lo dotan de veracidad. Recuerda que, cuanto más trabajes la personalidad de un personaje, más empatizarán los lectores con él.

Los personajes planos son los que provocan las críticas posteriores típicas que habrás leído en muchas ocasiones de «no he empatizado con los personajes». Para sentirte afín a un personaje no tienes que tener la misma opinión que él, solo que entiendas que dentro de sus zapatos, con sus circunstancias y en la situación en que se encuentra, es coherente lo que hace. Por eso somos capaces de empatizar con un villano o con alguien que quiere ver el mundo arder, porque seguramente tiene motivos, aunque no los compartamos.

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Un libro fabuloso para profundizar en la creación de personajes es este, de Beatriz Brumen

Corrección ortotipográfica y de estilo profesional en la primera novela y siempre

El tercer error que cometen muchos autores en su primera novela es sacarla sin pasarla por una corrección profesional. Los procesadores de texto ahora son maravillosos y rara vez, si los tienes con la corrección automática activada, te deja algo sin corregir. Sin embargo, llegan a donde llegan. Te marcarán un error ortográfico pero el estilo, amiga, te lo tienen que analizar y mejorar quienes saben de ello.

Es facilísimo que se nos cuelen adverbios terminados en -mente a mansalva y que repitamos la misma palabra tres veces en el mismo párrafo. También son habituales las cacofonías, los laísmos… Son vicios que todas heredamos del habla y que a la hora de escribir deberíamos apartar. Pero para detectarlos se necesitan ojos expertos y una mente que sepa qué es correcto y qué no.

Puede que creas que tampoco es para tanto, que escribes bien y que no necesitas invertir en ese tipo de servicio. Bien, mi experiencia me dice que la diferencia entre una novela «bien escrita» y una novela «bien escrita y bien corregida» se traduce en más críticas positivas, más lecturas y más ventas.

Si ese no es un motivo de peso suficiente para ti, te diré que cuando corriges con alguien profesional aprendes lo que no aprenderías abriendo un libro de gramática tú sola, porque es un ejercicio absolutamente práctico.

Bonus track: esos giros sin sentido

Para finalizar y como añadido a los tres errores más frecuentes, cuidado con meter giros sin ton ni son, pensando que hacen la historia más interesante y magnética.

La estructura de la novela la has de tener pensada desde antes y en ese trabajo te tocará valorar si los puntos de giro de la novela trabajan la intensidad in crescendo para llegar al clímax. Si no es así, lo siento: bórralas y a otra cosa, mariposa.

¿Y por qué, me dirás? Los giros extraños sacan de la historia al lector, lo confunden y, en el peor de los casos, lo enfadan. Como ejemplo te pondré una novela histórica que leí el año pasado, magníficamente escrita y, además, ambientada en un contexto histórico que no era —¡aleluya!— ni la Inglaterra victoriana, georgiana o de regencia, o highlanders correteando por los páramos en kilts. ¿Qué pasó? Que a mitad de historia, la escritora cambió a la coprotagonista. En cristiano: la chica que iba a ser para el chico, de pronto ya no lo era y entró en escena una intrusa a la que me costó aceptar. Me sacó de la historia y rompió mi experiencia de lectura.

Conclusión

Como te he comentado antes, la primera novela suele ser con la que experimentamos, la publicamos alegremente porque no sabemos nada del mundo de la publicación, pero es nuestra carta de presentación y es importante que cuidemos cada uno de los detalles que la componen: hacerlo lo mejor posible es tu responsabilidad y tu billete dorado a una futura carrera. No es lo mismo entrar por la puerta grande que tener una primera novela justita.

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