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Helen Rytkönen

Lo que no hice al empezar a escribir

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Esta semana se cumplen dos años de la publicación de mi primera novela, «Desde el rompeolas«, y he estado rememorando todos aquellos meses en los que decidí empezar a escribir y, sobre todo, cuando me lancé a autopublicar en Amazon.

Resumen: fui una torpe de campeonato.

Ahora, con varias formaciones a la espalda y la experiencia pasada, lo sé a ciencia cierta.

En ese momento, publicar aquel libro era simplemente un reto personal. Algo que necesité hacer para encontrar un hueco para mí en una vida llena de tantas cosas urgentes e importantes que yo misma como mujer no existía. Encontré ese lugar mágico de desconexión al releer un manuscrito que había escrito hacía unos años y descubrir que deseaba reescribirlo.

Ese maravilloso proceso ocupó mis noches durante seis meses y desembocó en decidirme a publicarlo como una prueba hacia mí misma de que podía llevar a cabo un proyecto solo para mí, sin tener que rendir cuentas a nadie. Y como esa era mi visión del tema, así solté el manuscrito en el ciberespacio. Con toda la ingenuidad que no se le espera a alguien que lleva toda su vida trabajando en marketing.

Así que permíteme compartir contigo todas las torpezas que protagonicé con mi primer libro, para que si estás en la misma situación que yo entonces, no caigas en lo mismo:

Empezar a escribir y…no tener un estilo propio

«Desde el rompeolas» nació como una novela para entretener, bebiendo de la tendencia del chick lit que llevaba pegando fuerte en aquellos años. Eso hizo que la primera versión de la novela, la que se publicó en aquel entonces (la revisé unos meses después), tuviese diálogos ligeros, la típica fiesta de disfraces con máscaras, muchas descripciones de vestuario y maquillaje, vocabulario más bien coloquial… Algo que ya no forma parte de mi voz narrativa, y que yo, en el fondo y cuando escribía Rompeolas, sabía que no iba conmigo, pero que era incapaz de saber por qué.

Porque de eso se trata: de escribir, escribir y escribir para descubrir cómo quieres hacerlo, y ahora sé que tuve que desarrollar «Desde el rompeolas» así para ahora tener claro mi estilo y mi posicionamiento como escritora.

Tener clara la estructura de la novela

«Desde el rompeolas» la escribí sin tener ni pajolera idea de la teoría. Al final, y de chiripa, la historia resultó estar bien hilada, aunque con fallos que se habrían podido subsanar si hubiese desarrollado la estructura de la novela antes de sentarme a escribir. Cuando me apunté en la plataforma Club de Escritores y empecé a hacer cursos relativos a todo esto, se me abrieron los ojos y entendí, por fin, cómo había que hacerlo.

Ahora, antes de sentarme a escribir una sola palabra, ya tengo estructurada toda la novela desde el principio hasta el final, incluso escribo la trama más desarrollada para luego poder volver a ella en caso de duda. También la paso por el método

Ideal para aprender a estructurar el mensaje.

Definir bien los personajes

Desde que aprendí a hacer fichas de personajes, abordo con muchísima más tranquilidad el proceso creativo. Al principio no conocía su existencia, incluso las primeras veces que escuché algunos podcasts hablando del tema me pareció un rollo patatero. No, querida, no lo es. Es una herramienta que te ayudará muchísimo si la haces con gran nivel de detalle.

Si en algún momento tienes una duda sobre cómo actuará un personaje, solo tienes que ir a su correspondiente ficha. Hay muchos ejemplos de fichas en internet, coge la que más te guste y modifícala hasta que sea lo más completa posible. Yo la suelo hacer de los protagonistas y de los secundarios más importantes, no hace falta que la hagas de todos y cada uno de los personajes que salen en tu novela.

Pasarla por una buena corrección

Cuando publiqué la novela por primera vez en Amazon, la había corregido solo yo. Sí, no suelo tener faltas de ortografía, ¿pero y todo lo demás? Los adverbios, gerundios, frases hechas, puntuación, adjetivos… Todo eso mejora si te lo revisa un profesional (como acabé haciendo a los pocos meses). Y ya si contratas una corrección de estilo, tu novela brillará como el sol. Esto lo probé con «La niebla en mí», y ya no podría prescindir de este segundo tipo de corrección.

Tener una audiencia que te esté esperando

Cuando empecé a escribir «Desde el rompeolas», no pensé en publicarla. Por eso me cogió el toro y cuando la lancé, nadie me conocía a mí ni, evidentemente, a mi novela.

Fallo garrafal para alguien que se pasaba la vida averiguando los gustos de su público objetivo para impactarle de la forma más relevante y eficiente. Marketing de multinacional, con presupuestos grandes y mindset de construcción de marca a largo plazo.

Pero en esto de la autopublicación tú lo haces todo, no tienes una agencia de publicidad o de medios que te haga el trabajo. No, aquí a la lectora te la ganas tú, con unas redes de contenido relevante e interesante, con una estrategia de promociones bien articulada, con unos lanzamientos planificados hasta el más mínimo detalle, e innovando para que esa lectora a la que quieres enamorar te siga y te compre.

Tú eres la que tiene que escribir tus posts, aprender a usar Canva para hacer unos diseños bonitos, manejar los Facebook ads, los Amazon ads y analizar su ROI, estar al tanto de todas las innovaciones en redes sociales (no puedes quedarte atrás aunque odies hacer reels), quitarte el miedo al ridículo porque necesitas hacer directos y vídeos…

Yo no había preparado nada de esto, ni siquiera sabía de la existencia de bookstagram. ¿Desidia o ignorancia? Creo que nunca pensé en que la escritura se convertiría en lo que es hoy en día en mi vida, así que creo que fue una mezcla de las dos.

No tener una comunidad de apoyo

Si pudiese volver atrás, evidentemente haría las cosas de otra forma. Al ser una lectora voraz, quizá me hubiese abierto un perfil de reseñas para ir haciendo comunidad, tanto de lectoras como de escritoras. Con eso habría tenido mucho ganado, porque empezar en esto sin conocer a nadie, es duro.

Una de las cosas que más me frenaba para lanzarme era la inseguridad en muchas cosas y no tener a nadie con quien comentarlas. Ser parte de una comunidad te da un respaldo y una felicidad que hasta que no encontré la mía no entendí su importancia. Estaba en diversos grupos de apoyo de escritoras en Instagram, pero hasta que no entré en la Escuela Valiente de Rachel Bels, no fui parte de un grupo cuyos valores son aprender, compartir y ayudar.

Ahora tengo muchas compañeras con las que poder debatir, reírnos, echarnos una mano y hablar de esas cosas que solo nosotras entendemos. ¡Y eso no se paga con dinero!

Formarme antes de escribir

Con toda la formación tan increíble que hay disponible hoy en día, es un sacrilegio no hacerlo antes de publicar tu primera novela. Yo no lo hice y quizá sea el error más grande que cometí, porque habría hecho todo muchísimo mejor en todos los ámbitos: en escritura, en desarrollo de marca personal, en herramientas de promoción, en redes sociales, etc.

Una plataforma fantástica para aprender de muchísimos aspectos relativos a ser escritor es MOLPE (Marketing Online para escritores). En él, Ana González Duque lidera a un grupo de profesionales que han desarrollado cursos de contenidos perfectos para nosotras y un blog que merece la pena leer de cabo a rabo.

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